Tu cara me suena… #ReconocimientoFacial

Hace algunos días estuve en el aeropuerto recogiendo a mi hermano que, como otras muchas personas, volvía a casa por Navidad. Me sorprendió ver como los familiares y amigos de todas esas personas que volvían se agolpaban en las salas de llegada ansiosos por que se abriera la puerta de llegadas y poder reconocer una cara conocida.

Esto me hizo pensar (el vuelo venía con media hora de retraso y yo estaba casi sin batería…) en cómo de un modo casi inmediato cada una de las personas que llegaba identificaba a sus seres queridos entre los cientos de personas agolpadas allí.

¿Tenemos un sistema innato de reconocimiento facial? ¿Qué patrones seguimos? ¿Qué procesos mentales se generan? ¿Podemos emplear este conocimiento para mejorar las actuales aplicaciones que hay en el mercado para realizar el reconocimiento facial?

Hace algunos meses Google publicó la noticia de su patente para el reconocimiento facial que permitiera desbloquear terminales (smartphones, tablets, etc.). Esta noticia quizá no ha sido excesivamente viralizada, pues otro gigante, Facebook, ha suscitado una mayor polémica en temas de privacidad y los problemas legales que podría causar la tecnología de reconocimiento facial: cuando la compañía adquirió la start-up israelí Face.com, que desarrolla estos procesos de reconocimiento y sugiere el nombre de amigos para etiquetar en las fotos que los usuarios suben, éstos no agradecieron tanto la inmediatez de etiquetado de las fotos como recriminaron la falta de privacidad en la red.

Tras la apertura en Europa de una investigación que trataba de adelantarse a una posible normativa legal estricta,  Facebook se comprometió a eliminar cualquier patrón o modelo en sus algoritmos que se emplee con el fin de reconocimiento facial.

Sin embargo, son muchos los usos que podemos dar a este tipo de tecnologías. Un ejemplo de buena praxis es UWF, Universal Face Workstation, un software de reconocimiento facial que el FBI entregará de manera gratuita a todos los organismos policiales del país.

Otro gra ejemplo de usabilidad de soluciones de reconocimiento facial nos lo proporciona  PSA Peugeot Citroën,  que  en colaboración con el laboratorio 5 del Centro de Transporte y Procesamiento de Señales de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne (EPFL), en Suiza, trabajan en el desarrollo de una tecnología que permite captar las diferentes expresiones faciales, cadencia de parpadeo, movimientos musculares, y emociones del rostro del conductor para prevenir ante síntomas de somnolencia o malestar.

Como ocurre en una inmensa mayoría de casos, la tecnología en sí es sólo una herramienta. El uso y explitación que hacemos de ella depende exclusivamente de nosotros.

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¿Somos “miopes del Marketing”?

Este término lo estableció Thoeodore Levitt en los 60.

Citando a Wikipedia:

“La miopía de marketing está relacionada con el hecho de definir el mercado de referencia en términos del producto y no de la necesidad que satisface. Si se mira solamente a los competidores que producen el mismo bien y no se presta atención a otras empresas, de otras industrias, que producen bienes destinados a satisfacer la misma necesidad, se incurre en un error de miopía de marketing. Los productos no se venden por el bien en sí mismo sino por la función que cumplen y la necesidad que satisfacen.”

Así, dentro del sector TIC, por ejemplo, las grandes compañías, se han “puesto las gafas” y han diversificado sus líneas de negocio, ofreciendo soluciones de Cloud Computing, Software as a Service (aplicaciones como servicio pagando una cuota mensual, trimestral o anual en forma de suscripción renovable) o han adquirido pequeñas empresas que les permiten dar un soporte especializado, algo que les proporciona valor añadido de cara a la PYME (como estrategia de penetración de mercado en España, por ejemplo, donde el perfil de empresa medio no corresponde a las grandes cuentas IBEX35).

Si en las organizaciones seguimos pensando en ofrecer productos y servicios, hemos de encontrar valores diferenciadores en ellos. Pero, ¿y si los valores que creemos destacan por encima de la competencia no son tan claramente decisorios para nuestros clientes?

Estamos en una situación en la que, hoy más que nunca, las empresas son personas, las empresas han de buscar la fórmula que lleve a las personas a hacer negocios con “sus personas”, en un ambiente de colaboración y confianza, en el que el beneficio (sea de la índole que sea), proporcione bienestar y genere relaciones a largo plazo que, de un modo simultáneo o no, permita a las personas crecer profesionalmente.

Tira tus viejos manuales de ventas y estrategia, y ponte las gafas de un modo permanente. Es el mercado quien te proporciona las imágenes más fascinantes, con más información y, sobre todo, que te permitirán VER DÓNDE ESTÁ LA OPORTUNIDAD, ¡NO SEAS UN MIOPE!

¿En qué se parece un cirujano a un gestor de reputación digital?

Independientemente de la formación especializada, el reciclaje continuo en nuevas tecnologías y aplicaciones, y, por supuesto y como requisito por antonomasia, la pasión por este desempeño, existen algunas aptitudes no aprendidas (¿o sí?) que hacen de un gestor de reputación digital (léase también dinamizador en redes sociales, community manager, etc.) que hacen que algunas personas destaquen por encima del resto.

A mi modo de ver, estas aptitudes no se adquieren, sino que se entrenan. Me explico: igual que no te pondrías en manos de cualquier persona en un quirófano para practicarte una operación de apendicitis, no tendrías porque dejar en manos de alguien no capaz tu imagen pública en Internet.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre un buen profesional y un profesional excepcional?

Un cirujano puede realizar bien su trabajo, una cuidada atención y los cinco sentidos puestos en la buena praxis. Un gestor de reputación digital, de modo análogo, puede redactar textos de un modo brillante, tener una llegada en la red superlativa y estar vigilante a todo aquello que sucede en Internet.

¿Y si este cirujano además de tener una práctica cuidada, profesional y experta, una vez finalizada la operación, le explica a tu familia que todo ha ido fantástico, les da indicaciones acerca de los cuidados posteriores y les proporciona un teléfono de atención personalizada por si les surge alguna duda una vez hayan llegado a casa? La experiencia será única y recordada durante mucho tiempo.

¡AHÍ RADICA LA DIFERENCIA!

La función de una empresa en Social Media no tiene porqué ser la de de vender, sino ofrecer ventajas en 3.0 alternativas  a las que sus clientes 1.0 tengan por el hecho de disponer de presencia física cercana, por ejemplo. Se trata de generar oportunidades en paralelo de tal modo que, cuando les pregunten: ¿Dónde operas? Respondan con una gran sonrisa: ¡A lo largo y ancho de la red!